Dibujo a pulso
A como dé lugar pudren al hombre en vida,
le dibujan a pulso
las amplias palideces de los asesinados
y lo encierran en el infinito.
Por eso
he decidido –dulcemente-
-mortalmente-
construir
con todas mis canciones
un puente interminable hacia la dignidad, para que pasen,
uno por uno,
los hombres humillados de la Tierra.

Roberto Sosa, Poeta hondureño. Premio Adonais, 1968; Premio Casa de las Américas, 1971.

“Violencia en Centroamérica”, este tipo de titulares en diferentes medios de comunicación los encontramos casi a diario en cada uno de los países centroamericanos así como en otros países de América Latina, Norteamérica y Europa. “El asedio de las maras Salvatrucha y 18, las pandillas juveniles que desde hace más de 23 años trastornaron el mapa de la seguridad en el Triángulo Norte de Centroamérica, es incesante y tenebroso y obligó a militarizar colegios de secundaria en Honduras, imponer estados de excepción en cárceles en El Salvador y enfrentar un constante ataque armado al transporte urbano y rural de pasajeros y a innumerable menú de extorsiones en Guatemala…” (Fragmento de una nota periodística consultada en El Universal de México el 14 de diciembre de 2016. La nota hace referencia a hechos ocurridos al primer trimestre de 2016 hacia atrás, 2015 y 2014. Ver nota completa en: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2016/04/14/violencia-en-centroamerica)

Y aunque es nuestra cruda realidad, hay personas en nuestros países centroamericanos que aun consideran que en los medios de comunicación no se debería de dar a conocer de esta manera nuestra situación de inseguridad y violencia, pues nos damos a conocer no por los aspectos positivos (y que los hay en una gran variedad y riqueza en muchos aspectos), acabamos por tener una mala percepción de lo que somos en el exterior: Centroamérica se convierte en sinónimo de violencia.

Evidentemente, desde afuera nos ven como países que prácticamente vivimos en guerra. Algo que no deja de ser verdad pero que en el fondo, como ciudadanos centroamericanos nos duele nuestra situación.

Y si vivimos en guerra, y si la inseguridad es nuestro pan de cada día, y si la violencia en diferentes expresiones impera en nuestra sociedad, qué papel juega “la cultura” en medio de esta grave situación que nos acecha.

En pleno S.XXI, todavía prevalece la idea, para algunas personas, de que la cultura es solamente lo que se conoce como la “alta cultura” (que se refiere especialmente a expresiones artísticas de las artes visuales, literatura y música). El filósofo español Javier Gomá nos dice: “Es importante distinguir entre los cuatro significados de la palabra cultura. Cultura es el conjunto de tradiciones y costumbres que comparte una comunidad; cultura es lo que hace un grupo muy exiguo de personas en una sociedad: los creadores; cultura son las empresas o las industrias culturales y, por último, cultura son las políticas culturales”. Para el autor “lo más importante es el nivel dos, el de los creadores. Y lo es en la medida en que influye en el nivel uno, que es la cultura compartida en comunidad”.

La cultura sigue siendo un tema que parecería está desligado de muchos discursos actuales, como si se tratara de cosas distintas, una cosa es la cultura y otra muy distinta los problemas sociales.

Bourdieu en su libro La distinción puso patas arriba el concepto original de “cultura” nacido con la Ilustración y luego transmitido de generación en generación, aquel que está ligado al refinamiento y el de cultura en el sentido de formación o educación. Para él, la “cultura” no debía ser una preservación del statu quo sino un agente de cambio; más precisamente,  un instrumento de navegación para guiar la evolución social hacia una condición humana universal. El propósito original del concepto de “cultura” no era servir como un registro de descripciones, inventarios y codificaciones de la situación imperante, sino más bien fijar una meta y una dirección para las iniciativas futuras.

Particularmente considero que la cultura es, también, un espacio de la sociedad que llena de sentido y significado todo lo que sucede. El concepto de cultura abarca la creación artística y los artistas están para contar la guerra, denunciarla, para transgredir ese lugar de lo correcto y lo establecido y poder decir cosas que la sociedad necesita escuchar y que desde los canales establecidos no pueden obtener voz.

La cultura y el artista están para contar y traducir ese dolor en esperanza, con una perspectiva en el futuro, en soluciones posibles. La cultura es la que tiene que y puede transformar y construir las nuevas ciudadanías de la paz, entendiendo que desde el arte se puede construir, se pueden alimentar y se pueden fortalecer ciudadanías creativas, libres, con perspectiva de futuro, capaces de transformarse a sí mismas y entender desde una perspectiva más amplia el contexto en el que viven.

En tiempos de crisis, en tiempos de verborreas de diferente índole, nos encontramos en una permanente búsqueda. Necesitamos nuevos códigos que nos ayuden a explicar lo inexplicable desde las viejas teorías y tradiciones. Lo lúdico del arte genera esta posibilidad de hacer una especie de paréntesis de lo que nos acontece en la vida real. En su manera más frívola se convierte en entretenimiento, pero el arte puede engendrar situaciones que llevan a reflexionar más allá porque los artistas tienen, entre otras cosas, la responsabilidad de ponernos en contacto con los temas “incómodos” para verlos desde otro punto de vista y nos ayudan a generar criterios propios y crítica por lo que acontece.

A través del arte se proponen acciones que contrarrestan desigualdades, da cabida a la cohesión social y a las múltiples expresiones de una población de variado origen, para ponerlas en diálogo y reconocerlas. La cultura es herramienta de integración y es vía privilegiada para educar a favor de la tolerancia y contra la discriminación. El arte y la cultura nos acerca a la población vulnerable: mujeres, niños, jóvenes a expensas de bandas de tráfico de drogas y de armas en los barrios más pobres. Una identidad cultural para ellos es, en esos barrios, un pasaporte para la vida, un horizonte de futuro.

Construir esa identidad pasa por la cultura; apostarle a la cultura es una apuesta por hacer humana una ciudad que requiere intervenciones extraordinarias y urgentes para volver habitables sus calles y sus plazas por sujetos que toman conciencia de su ser en el mundo, de su pertenencia a una comunidad. Propiciar conciencia, crear ciudadanía, tejer redes solidarias son formas indispensables de atender el fenómeno de la violencia en general y es posible a través de la cultura y de las manifestaciones de las artes cuando las hacemos accesibles a todas las personas como un derecho humano fundamental.

La cultura es lo que da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. “A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea otras que lo trascienden…” tal como se hace mención en la Declaración de México sobre las Políticas Culturales MONDIACULT. En México D.F. en 1982.

Que sea éste un medio para el diálogo, para el intercambio de experiencias y testimonios de cómo el arte, la cultura y la gestión cultural son algunos de los medios para la construcción de la paz, la construcción de una ciudadanía libre, que traspasan las fronteras centroamericanas por lo que verdaderamente son: seres humanos con toda su dignidad.

Bibliografía 

  1. Bordieu, P. (1988) La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus.
  2. Sosa, R. (1994) Un mundo para todos divididoTegucigalpa: Editorial Guaymuras.
  3. http://www.elcultural.com/revista/letras/Debe-la-politica-transformar-la-cultura/38716
  4. http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2016/04/14/violencia-en-centroamerica
  5. http://portal.unesco.org/culture/es/files/35197/11919413801mexico_sp.pdf/mexico_sp.pdf

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

Ver todas las publicaciones