Recién acaba de pasar el día del padre y para muchos es prácticamente desapercibido. Hasta en los comercios pareciera que no sacan tanto provecho de la celebración.

Para aquellos mediocres discursos feministas, los hombres son los enemigos más grandes de las mujeres y de la humanidad entera. A los hombres se les acusa de grandes conflictos y problemas sociales. Ojo, que tampoco los estoy santificando, efectivamente hay serios problemas que resolver, dialogar, equilibrar, pero no se trata de un mero enfrentamiento sin fundamentos. Muchas veces, nos dejamos llevar por ideas basadas en sentimientos nacidos de propagandas; recitamos frases de feministas sin haber leído un libro completo al respecto. Señoras, mucho cuidado con lo que decimos, para que nuestros pensamientos no se reduzcan a conocimiento “meme”, frasecitas lindas que copiamos y pegamos en nuestro muro de redes sociales sin saber a profundidad su significado.

Hablando de paternidad, afortunadamente yo tengo un padre responsable. De aquellos que lo dieron todo por lograr las mejores condiciones de educación para mis hermanos y para mí. Padres sin defectos no existen, mi padre no se exime como buen ser humano, pero la mayor parte del tiempo, sus aciertos superan todo error. También tengo un hermano que es un padre ejemplar, cuñado, primos, tíos, entre otros familiares cercanos que son padres ejemplares.

Sin embargo, a mí personalmente me tocó vivir de cerca una historia de paternidad irresponsable. Debo decir que yo estoy a favor del matrimonio y de la familia. No elegí ser madre soltera, me tocó asumirlo. Y ser madre soltera no es fácil. Encima de que la responsabilidad de crianza de un niño(a) toca en uno solo, también hay que lidiar con el hecho de que la mayor parte del tiempo se está en permanente estado de que te critiquen y te juzguen. Pareciera que llevas un rótulo, pero cuando saben que eres madre soltera, todos se sienten con el derecho de opinar y darte consejos (aun cuando no lo has pedido) tanto por las personas casadas, como por los que no lo están así como también las personas del mismo sexo, estas últimas a mi juicio son las más despiadadas a la hora de hacer una crítica sobre la maternidad.

Yo no voy a entrar a discutir sobre las supuestas nuevas fórmulas de familia: las de personas entre el mismo sexo, entre otras. Mi deseo es darle su lugar a un buen porcentaje de hombres padres de familia, a los que sí son los buenos de las historias.

Educar niños es una cuestión de dos: papá y mamá. Los hombres y las mujeres, en esa precisa ecuación, en nada están más juntos que en la paternidad-maternidad, en la familia.

Es verdad que hay padres malos, terriblemente malos. Pero no por eso podemos las mujeres prácticamente tratar de desaparecer y ningunear el verdadero papel que un buen padre ejerce.

También hay hombres buenos, esos que quieren estar para sus hijos. No lo neguemos señoras, que para aquellas que nos toca asumir la maternidad a solas nos toca tratar de complementar lo que no les estamos dando al ciento por ciento. Está comprobado que para los niños es vital la presencia de ambos padres para un buen desarrollo: en lo emocional, racional y en lo físico. Dejémonos de cuentos, aquel o aquella que diga que no le hizo falta un padre, que lo confirme un psicólogo o terapeuta si sus vacíos emocionales, esa forma de amar posesivamente, esa dependencia sentimental que usted padece de adulto ¿No será que tiene sus raíces porque lamentablemente no tuvo la figura paterna adecuada a su lado? En fin…

Insisto, los hombres también tienen sensibilidad, tienen la capacidad de consolar, lloran, educan, regañan, acompañan, escuchan, reconducen. En fin, los hombres, los buenos hombres y padres son grandes seres humanos y hoy les agradecemos por hacer la diferencia en este mundo tan insensible.

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