Algunas veces se me acercan personas con cierta vergüenza, diciéndome que no saben nada sobre vinos. A mí me parece que es completamente normal en nuestra cultura. Particularmente los hondureños solemos tomar licores como la cerveza u otros con más contenido alcohólico: ron, whisky, vodka, tequila, entre otros.

Como la mayoría de mis paisanos, yo también sabía poco sobre vinos. Fue durante la época de mi maestría en Gestión Cultural en Madrid cuando hice, a la vez, un diplomado en Diplomacia y Protocolo en la Escuela Internacional de Diplomacia y Protocolo de Madrid. Entonces tuve mi primer contacto con ese fascinante mundo y me enamoré de los vinos. Esto me llevó, posteriormente, a estudiar al respecto para luego convertirme en una sommelier profesional. Poseo estudios en la Escuela Española de Cata y Wine Institute de Mendoza, Argentina.

¿Qué es eso de ser un sommelier?
No iré hacia atrás contando la historia y evolución de este oficio sino más bien, dando una pequeña definición desde lo que yo conozco y he vivido de primera mano.

Actualmente, un sommelier tiene múltiples salidas profesionales: como asesor en restaurantes, tiendas especializadas, en los viñedos, distribuidoras, crítico de prensa, entre otros. Personalmente soy sommelier asesora para ayudar a las personas a elegir el vino más conveniente a sus necesidades y gustos, no solamente vendo los vinos. Incluyo formación a través de charlas, talleres, pláticas sobre cultura de vinos y catas privadas.

Es un oficio mucho más complejo de lo que parece y las aptitudes que uno necesita son múltiples. Uno debe saber el inglés como mínimo, aparte del idioma materno y dominar el lenguaje del mundo del vino que, por cierto, como dice el escritor Joseph Puig, es “un vocabulario distante e inútil, pero sobre todo sectario, frustrante y cruel el que empleamos los profesionales.” Este comentario en parte lo comparto. Por eso yo siempre intento en mis pláticas sobre vinos, hacerlo más comprensible y ameno. Volviendo a las aptitudes del sommelier, uno tiene que saber también de informática y manejo de redes sociales, de gestión de bodega, de comprar, pero también de vender, de gastronomía, de productos, de cocciones, de maridajes, tiene que saber psicología, tener sensibilidad e inquietud por saber más.

¿Es necesario este oficio o por el contrario es muy esnob?
Seguramente si hiciéramos una lista de los oficios más importantes en el mundo, el de sommelier sería de los últimos, de los primeros en que por orden de necesidad desaparecería. Mucho más necesarios son los médicos, profesores y bomberos, evidentemente. Esto no significa que no sea un oficio extraordinario, capaz de vivir de la sensibilidad en pleno siglo XXI, dominado por las máquinas, la tecnología y la falta de tiempo, el sommelier se permite el lujo de esperar que el vino se vaya abriendo en la copa. ¡Mágico!

En los tiempos en que vivimos, de la información y el conocimiento, es relativamente más fácil aprender sobre vinos y es accesible para todas las personas. Hace unos 20 años atrás este mundo era complicadísimo: encontrar literatura al respecto, ir de viaje a visitar a las bodegas, ir a una cata especializada.

Sin embargo, no deja de asombrarme la falta de respeto de algunas personas hacia la profesión de sommelier. En mas de una ocasión me he encontrado con personas que asumen que saben mucho sobre vinos porque han tenido oportunidad de salir de viaje por el mundo; porque se han vuelto conocedores a base de leer muchos artículos al respecto en las redes sociales y por el simple gusto adquirido de probar variedades distintas les convierte en expertos y no necesitan recibir ningún consejo.

El gran pecado nuestro como sommelier, quizás, está en la falta de humildad, más de alguna vez en la vida a todos nos pasa. Hablamos mucho y, tal vez, el comensal solo quiere tomarse el vino; solemos corregir sus elecciones, o no nos gusta la temperatura a la que le gusta beber el vino al cliente. En estos casos, podemos sugerir, pero jamás imponer y sobre todo respetar los gustos de los clientes. Lo importante es que el cliente lo disfrute como él quiera, con lo que quiera. Lo importante es que se sienta a gusto y lo pague.

A la hora de acercarme a un comensal, nunca sé a quién tendré enfrente. Puede que sepa, efectivamente, más que yo, siempre hay personas con más conocimiento que uno. Mi argentino profesor de cata, solía decirnos: ¡Estas parejas han venido a cenar entre ellos y no contigo! Así que asesórales solo si te lo piden después de haberte puesto a la orden.

Hace un año tuve un grupo de personas en una cata privada, en el grupo había un señor que durante toda la plática estuvo en contra de todo lo que yo decía. De hecho, antes de que yo empezara, él dijo públicamente que él ha viajado mucho por el mundo y que dudaba que él aprendería algo nuevo esa noche. Entre otras cosas que me rebatió, dijo que no era posible que hubiera datos de los restos arqueológicos sobre la producción de vinos en el período neolítico, hace unos 8000 años, aproximadamente. No estaría nada mal que este señor lea al menos algunos artículos científicos de National Geographic para empezar a aprender al respecto. Y finalmente, expresó, que eso del maridaje y vinos es muy subjetivo y que nadie podía dar clases al respecto.

Creo que ha sido la única vez que he tenido un asistente de este tipo. Sabiendo que él es un médico en medicina, sinceramente no quise decirle, que, porque yo he leído un par de artículos de temas médicos, francamente no puedo declararme experta en medicina.

Hace un par de años hice una publicación en Facebook que acabó por ser polémica. La razón fue que yo aseguré que existen buenos vinos como también malos. Algo que lo sigo sosteniendo, porque para eso existe la teoría y la práctica profesional del sommelier. Aunque, como decía mi maestro de enología: un vino puede ser el mejor del mundo porque ha ganado los más grandes premios internacionales y supera toda expectativa de los sommelier y catadores más famosos del mundo, pero finalmente la aprobación más importante la da el consumidor final en un restaurante o en su propia casa y resulta que si para esa persona es malo, ese juicio de valor pesa más que todos los premios del mundo ganados para ese vino.

Equilibrio es lo que solemos buscar en un buen vino: acidez, dulzor, astringencia, entre otros aspectos. Aprender a distinguirlo, solo se gana a base de teoría y práctica. Y todas las personas podemos aprender a reconocerlo, pero para eso hace falta voluntad de aprender y dejar que el paladar se sorprenda con nuevos sabores.

La magia del mundo del vino es que todos lo vemos de diferente manera, nadie tiene la razón absoluta. Que 3 más 3 no son 6 en el mundo de los vinos, que hay una parte volátil, personal, de intangibles y que hay un vino para cada persona y para cada momento. Además, el vino es sinónimo de felicidad, compartir, disfrutar y festejar o llorar.

Sea como sea, si usted cree que en algo puedo servirle con mis conocimientos al respecto como profesional, que sepa que yo soy su sommelier y estoy a la orden para asesorarle en su próxima compra.

Carmen Cruz

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras. Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Sommelier Profesional certificada por Wine Institute de Argentina; la Escuela Internacional de Diplomacia y Protocolo de Madrid y la Escuela Española de Cata. Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán. Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine. Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia. Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

Un pensamiento en “Sommelier ¿Qué es y para qué sirve?

  1. Excelente!! Estimada Carmen Yadira la verdad la admiro mucho.
    Gracias por compartir tan valiosa información con nosotros como usted lo describe hablemos muchas personas que no sabemos cuál es la diferencia entre un licor y un vino mucho menos Catar.
    Siga adelante!! Éxitos que Dios la Bendiga estimada Carmen Yadira

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