La ropa húmeda y la cabeza caliente. Si se quiere sobrevivir a este clima debe tomarse solo como abrazos cálidos que llevan buenos deseos. Y la señora aquella que nunca para de hablar de sus experiencias de crianza de sus hijas: ánimos, escúchala, algo bueno debe de tener a imitar, especialmente el té de cebolla para cuando tus hijos tienen tos. El tráfico, las colas que no avanzan, lo más recomendable es pensar que lo peor que puede suceder es algo similar a lo que sucedió en «Autopista del Sur», tal vez terminemos con amigos, marido y con hijos crecidos en pleno boulevard. Luego camino, sobre las pasarelas de moda entre los edificios universitarios, las chicas lindas visten sus galas para ir a clases (hace unos años yo también lo hacía). Un niño con ganas de ser licenciado me sonríe coquetamente y no me queda más que corresponderle. Afortunadamente hay una mujer que amaneció con alegría en el alma en la ciudad y me hace y me vende un delicioso café. Receta de sobrevivencia básica: sonreír sin miedos, sonreír sinceramente, sonreír, porque si bien todo en el mundo amanece patas arriba, para estas épocas de crisis sonreír y ser creativo resultan ser el mejor remedio. En esta esquina de edificio se siente paz, podría decirse que aquí no pasa nada. Un estudiante toca la guitarra detrás de mí y una abeja me acompaña y toma un sorbo de mi café.

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