Hablemos de piropos, aclaro que con esto no hago mención al desagradable acoso callejero. Me refiero al piropo bienintencionado, original, ingenioso y con cierta metáfora. Quizás a todas las mujeres, en más de una ocasión, un hombre respetuoso nos ha hecho vibrar de emoción con un hermoso halago.

En la Biblia, en el Cantar de los Cantares, se narra ese contrapunteo de dos amantes, para mí constituye toda una colección de piropos exquisitos. Es difícil encontrar en la historia de la literatura una producción semejante a este texto, donde cada versículo puede ser un piropo de la más fina elaboración: “mejores son tus amores que el vino”; “los contornos de tus muslos son como joyas”; “tu vientre como un montón de lirios”; “tu cuello, como torre de marfil”; “tu nariz como la torre del Líbano que mira hacia Damasco.”

En mi adolescencia, en los últimos años de la década de los años 90, no era del tipo de chica que solía pensar en noviazgos, por mi carácter y forma de ser no era mi prioridad. A pesar de eso, siempre se me acercó más de un joven con el interés de conocerme y con el fin de que yo fuera su novia. Recuerdo que alguno de esos muchachos se me acercó con nervios para decirme alguna frase linda, un piropo. Los halagos, entonces, era normal que se dieran personalmente o a través de cartas, papelitos o tarjetas hechas a mano. Hacerlas a mano tenía un valor agregado. Entonces no teníamos otros medios de comunicación.

Llegó el tiempo de ir a la universidad, en los primeros años de la década 2000. Me gustaban los muchachos educados, comunicativos, detallistas. De hecho, mis novios en esa época lo fueron. Todavía se acostumbraba a dar tarjetas, detalles sencillos, cartas.

También tengo el recuerdo de piropos lindos que en algún momento me dieron desconocidos en alguna calle en diferentes ciudades en las cuales he tenido posibilidad de estar. Una tarde, mientras vivía en Madrid, caminaba hacia la estación de metro para ir a la universidad. Recuerdo que en un semáforo pasé delante de un chico que iba en motocicleta y nunca he olvidado que me dijo: ¡Abanícame con esas pestañas, guapa! En otra ocasión, caminaba por Roma, un italiano de esos tan típicamente expresivo me dijo: “Voglio restare sempre con te.” Cuando fui Directora del Museo del Hombre, en ocasiones salía a comer a algún lugar cercano al museo en el centro de Tegucigalpa. Sin duda, el mejor piropo que me han dado ha sido en mi país: “sus lunares son como estrellas en el cielo de una hermosa noche.” Y finalmente, en Santiago de Chile, un hombre me dijo, Cristóbal Colón te hubiera dicho: ¡Santa María, vaya Pinta que tienes, Niña!

Cada vez más, este tipo de expresiones ha sido sustituidas totalmente por el uso de mensajitos a través de teléfonos celulares, correos electrónicos y mensajería privada en redes sociales. Un hombre respetuoso y sin conocer a una hermosa mujer, difícilmente se atreve a hacer un cumplido de la nada porque las mujeres nos encontramos muy a la defensiva precisamente por hombres vulgares que lo ven a uno solamente como un pedazo de carne. Por otro lado, halagar con palabras elaboradas en este momento es un asunto que se considera arcaico y hasta cierto punto ridículo.

Al igual que recuerdo bien estos piropos, también recuerdo muy bien ofensas que recibí desde los 12 años, cuando era una preadolescente. Entonces ya me daba pena usar cierta ropa porque sentía miedo de lo que algunos hombres podían decirme en la calle al verme. Viví 7 años en ciudad Guatemala y una vez que caminaba por una calle que solía tomar para llegar a la universidad, recuerdo muy bien el miedo que sentí cuando un hombre me insultó y se me acercó de tal manera que por varias semanas cambié de calles para no pasar por el mismo lugar por temor.

Actualmente algunos hombres han agarrado valor para dar piropos pero de forma virtual. Me causa gracia que a menudo me contactan caballeros por el chat privado de Facebook. Los leo y a veces respondo el saludo inicial porque por mi negocio de los vinos me contacta gente que no siempre conozco, pero una vez pasan de un saludo normal que haría un desconocido con fines de negocios, empiezan con frases como estas (y hasta me los imagino poniendo una cara sexy cuando están escribiendo):

“es usted una dama muy bonita”; “hermosa con cuerpo de diosa”; “que en esta nueva semana su principal objetivo sea mantener una gran sonrisa que la haga ver mucho más hermosa”; “sería rico tomarse un vino con usted”; “¿puedo tener el honor de conocerte?”; “con todo respeto, es usted muy hermosa”; “me apareció su perfil y me llamó la atención qué dulce se ve en esa foto, se ve que es una persona agradable y como que tira buena vibra.”

Sinceramente, cuando los leo inmediatamente y por lo general me causa risa. Luego pienso más bien en el peligro que supone entrar en contacto con señores que jamás he visto. No niego que más de una vez he respondido con un simple gracias.A veces tengo el tiempo y les respondo que soy madre soltera de dos niñas y que no tengo interés de amigos y relaciones, es mi santo remedio para espantar a un hombre desconocido, aunque el otro día también me sorprendí porque aun después de decirle esto a un hombre, él me respondió: “pero puedo invitarte a salir”, por lo tanto procedí a bloquearlo y luego pensé y me reí sola porque en pandemia adónde me podría invitar.

Seguramente hay chicas que se dejan llevar por una frase de este tipo y entran en conversaciones con gente que jamás han visto. (Qué anticuada me he vuelto con algunos años encima. Quizás me he perdido de conocer al amor de vida de esta manera, pienso lo mismo por no abrirle la puerta a un Testigo de Jehová los domingos por la mañana, quizás más de alguno ha sido el ideal para mí.)

Personalmente me sigue gustando la seducción como un arte que implica cierta creatividad, respeto y elegancia.

Pero, finalmente me lo tomo con sentido del humor este tipo de mensajes que a veces recibo porque aportan a mi día, termino riéndome sola y como dicen: no se gana pero se goza.

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Sommelier Profesional certificada por Wine Institute de Argentina; la Escuela Internacional de Diplomacia y Protocolo de Madrid y la Escuela Española de Cata. Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán. Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

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