Artículo publicado en Revista digital “Los Anillos de Saturno” del Centro Cultural Parque de España, AECID Rosario Argentina. Número publicado en el marco del V Congreso Iberoamericano de Cultura, Zaragoza, España 2013. Noviembre de 2013.

La tecnología es parte de nuestra vida cotidiana. Los espacios culturales no permanecen ajenos a ello y los nuevos medios tecnológicos cambian nuestra forma de pensar, de leer, de observar, de vincularnos con el otro, todas estas aptitudes clave a la hora de visitar un espacio cultural.

Y de entre muchos tipos de espacios culturales, quiero referirme especialmente a los museos y cómo estos han ido transformando sus formatos clásicos estáticos hacia una nueva experiencia de visita para el público: más interactivo y participativo. Hoy más que nunca podemos afirmar que los museos, gracias a la tecnología, son catalizadores de experiencias y energías colectivas, además de ser una institución privilegiada en la construcción de bases comunes de sociabilidad con el fin de hacer ciudad.

Reitero que en las transformaciones que se están dando en los museos, la tecnología es la clave. Actualmente, se da casi por descontado, que un museo tenga página web y el desafío está, más bien, en crear herramientas, aplicaciones y espacios en los que el público se sienta parte de un determinado museo.

Los museos de mayor prestigio internacional –como el MOMA y el Tate– elaboran continuamente contenidos multimedia exclusivos para sus páginas web. Hay entrevistas a curadores, streamings que se asemejan a programas de televisión e incluso una serie multimedia donde cada capítulo está dedicado a una obra. La web del Tate, por ejemplo, recibe alrededor de veinte millones de visitas anuales, frente a los siete millones que visitan el museo.

Otro ejemplo es la página del Museo Nacional de Amsterdam. Mediante la consigna “crea tu propia obra de arte” uno puede seleccionar una obra del museo y plasmarla en una playera, en un mantel y sobre materiales metálicos como un automóvil o una motocicleta. Desde su lanzamiento en 2012 se crearon más de 32 mil portafolios digitales y 112 mil obras de arte de la colección han sido descargadas.

En 2009 Google se sumó a este tipo de iniciativas a través de Google Art Project. Instituciones como las ya mencionadas y otras como la Galería dei Uffizi han colaborado con este proyecto que invita al usuario a recorrer los museos con una visión de 360 grados. Lo más atractivo es que Google publica cada obra con una resolución de siete mil millones de píxeles por lo que haciendo zoom se puede observar hasta la pincelada más pequeña. El proyecto ya dispone de más de cuarenta mil obras y cuenta con más de 15 millones de usuarios.

De entre todas las herramientas utilizadas actualmente, las más populares son las redes sociales. Sin embargo, el sólo incorporarlas no es suficiente. Las redes sociales tienen el desafío de generar comunidad. En este campo también llevan el liderazgo instituciones como el Tate, con más de medio millón de seguidores en Twitter y Facebook. Allí promocionan los contenidos de su web, invitan a los usuarios a los eventos y exposiciones y hasta lanzan preguntas como: “¿alguna vez una obra de arte te hizo llorar?” para invitar al usuario a participar.

¿Y qué hay sobre los teléfonos móviles? La posibilidad de integrar los contenidos en nuestros propios teléfonos aparece como la variable clave de estas transformaciones.

Hay aplicaciones para descargar publicaciones de la institución o algunas sobre una exposición en particular. Una propuesta original fue la del Museo Melbourne para su décimo aniversario. La app “por favor toca el museo” invitaba al usuario a explorar la colección con un iPad. Para esta tecnología, se emplean los QR: códigos de barras que se pueden escanear con el teléfono para descargar más información sobre la obra.

Hay muchas instituciones que permiten bajar sus audioguías a dispositivos celulares, o descargarlas en el lugar mediante códigos QR, pero todavía estas aplicaciones son tímidas. El uso de estos elementos móviles facilita además la labor a la institución, que sólo ha de invertir en contenidos y no en dispositivos, y al usuario, que tiene la comodidad de usar sus propios terminales en cualquier lugar y gestionar de forma más personal la información que se le ofrece.

Las instituciones estadounidenses parecen llevar la delantera en este terreno. Los museos que mejor están trabajando se encuentran en el ámbito anglosajón, principalmente porque no han tenido miedo a experimentar y han aplicado las posibilidades de la tecnología al mismo ritmo en que surgen. El MOMA y el Metropolitan de Nueva York o el Museo de Brooklyn son algunos ejemplos de centros innovadores que han apostado por la tecnología como un medio más para conectar con el público.

Para concluir con este breve repaso de tecnología aplicada a los museos, consideramos que se puede usar la tecnología adaptada a los fines que persiguen las mismas instituciones y cuando realmente les sea útil para transmitir su mensaje. Es habitual pensar que un riesgo de la tecnología es que puede reducir el número de visitantes del museo, pero es todo lo contrario, facilita que un mayor número de personas se interesen por el museo y acudan a él.

Los museos tienen una gran responsabilidad pues se trata de espacios que conservan la memoria en general a través de objetos físicos en un mundo crecientemente desmaterializado. Las nuevas tecnologías han transformado las áreas educativas de los museos y la relación con su público que puede disfrutar de un paseo virtual desde cualquier parte donde estemos. Hace 20 años nunca nos imaginamos hacer un paseo virtual desde nuestra casa por los grandes museos del mundo. Ahora me pregunto: ¿cómo serán nuestras visitas a los museos dentro de veinte años? Espero estar aquí para contarlo.

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

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