El pasado 16 de septiembre, gracias a la recomendación que me hizo un amigo a través de las redes sociales, tuve la oportunidad de leer un lamentable artículo que se publicó en la página web de una de las empresas de radio más importantes de Honduras.

El título del artículo es: “Hondureños deambulan entre la ignorancia y el desprecio por la cultura.”

Solamente el título del mismo deja mucho que desear porque de entrada, una negativa de este tipo no salva absolutamente a nadie en este país.

Vamos allá. Trataré de explicar esto desde otro punto de vista. No sin antes recomendarle al medio de comunicación, en este caso de cobertura nacional y que por años se ha considerado de los más serios y de credibilidad, que cuide mucho de sus publicaciones y por lo tanto de la selección de sus comentaristas. Mínimamente que la persona que opina sobre determinado tema si no es un especialista, al menos que se vea el esfuerzo en investigar un poco al respecto de lo que habla.

De lo contrario, como dice Umberto Eco en su libro “De la estupidez a la locura” en la página 41: “Las opiniones en las redes sociales o en el internet son como el bar Sport de cualquier pueblo o suburbio… Las charlas de bar nunca han cambiado nada, de modo que el cielo de internet lo surcan opiniones irrelevantes.” El problema es que esta opinión no fue publicada a título personal, si fuera así no importaría en lo más mínimo lo dicho por este ciudadano, el tema es que lo avala un medio de comunicación al dar su espacio en su página oficial y eso lo vuelve relevante y a la vez, en este caso, triste.

Sabemos que en Honduras no hay muchas personas especialistas en periodismo cultural. Este ámbito siempre es tratado por la secciones de sociales. Pero aunque usted no lo crea, sí tenemos expertos en crítica cultural, aunque poco se les deja su espacio para expresarse de forma libre. Un ejemplo de una especialista en crítica cultural es la periodista Samaí Torres de Diario El Heraldo, egresada de un máster en el tema por la Universidad de Alcalá de España.

Me interesa resaltar que una de las urgencias es capacitar a más periodistas en el ámbito de la cultura para que deje de ser la nota rosa o social de los medios y se pase de hablar de quién y cómo vistió la sociedad el día de la inauguración de una exposición de arte.

Como también sería importante dejar de darles espacio a personas que se coronan con varios títulos a la vez y no son expertos en nada: en primer lugar, en este país medio mundo es “gestor cultural” porque no se le da la seriedad debida a esta profesión y aún se considera que no es necesario estudiar para ganarse ese título. En segundo lugar porque más de alguna vez han gestionado el café de varias muestras de arte y con eso son merecedores del título. No entraré en detalles del oficio del gestor cultural, eso es otro tema. Pero generalmente los “críticos de expresiones de arte” de nuestros medios son a la vez gestores culturales, poetas, especialistas en cine, artes visuales y cualquier cosa que a usted se le pueda ocurrir va en la lista que se ponen debajo de su nombre, inclusive especialistas en curar los dolores de mal de amores.

Pero volviendo al tema, iré comentando por partes el artículo en mención el cual pueden leerlo completo en el siguiente link: http://radiohrn.hn/2018/09/16/hondurenos-deambulan-entre-la-ignorancia-y-el-desprecio-por-la-cultura/

El artículo inicia de la siguiente manera: “La cultura se define como un conjunto de conocimientos e ideas adquiridas gracias al desarrollo de facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.”
No nos queda claro de dónde toma tal definición. Aunque esta forma de comprender la cultura es muy común. Ya lo he dicho antes: por un lado está el concepto de cultura que se asocia con el grado de instrucción o educación formal que posee la persona. Otros, consideran que la cultura es solo aquello ligado a las expresiones de arte, especialmente a las bellas artes y finalmente otra de las formas más comunes de comprenderlo es ligar la cultura específicamente a las expresiones meramente del folclor.

Continua: “Usualmente, este concepto es desarrollado de manera mancomunada con el término de cultura, que es entendida como una actividad por medio de la cual es recreado un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas, valiéndose de la materia, la imagen o el sonido. No tiene mucho interés que desmenucemos los elementos de tales conceptos.”

Por supuesto que es importante desmenuzar los elementos del concepto, de hecho, si no lo tenemos claro, entonces surgen estas raras mezclas. Inmediatamente después de conocer el concepto de cultura que maneja esta persona que escribe, viene una serie de lloriqueos: “Lo que sí importa es que en nuestro país se ha generado un lamentable desprecio por todo lo que tiene relación con el cultivo de la cultura, la generación del conocimiento y la promoción del arte.” En resumen, la culpa de todo a continuación en el artículo es la falta de apoyo financiero por parte del Estado en el ámbito de cultura.

Mi intención es defender el trabajo de los verdaderos gestores culturales que prácticamente con las uñas hacen una labor loable por mantener una agenda cultural en Honduras así como también resaltar que una gran cantidad de público sí asiste y consume cultura, contrario a lo que se piensa:

1. Evidentemente hace falta apoyo estatal en el sector cultural a través de una institucionalidad establecida (llámese Secretaría, Ministerio, Dirección Nacional de Cultura, Instituto Nacional de Cultura. El dilema no es cómo llamarle pero sería maravilloso que existiera un órgano que funcione como debe de ser. La antigua Secretaría de Cultura realmente nunca fue un modelo de gestión, al contrario, la mayor parte del presupuesto era solamente para pagar planillas y ONGs, lo que menos hacían era su trabajo, especialmente en los últimos años.)

2. Actualmente se está en proceso de aprobación de una ley de cine y audiovisuales, cosa que me parece genial. ¿Pero qué sucede con el resto de los ámbitos de la cultura? Nos encontramos en el desamparo total. Es urgente retomar el trabajo por unas políticas culturales de Honduras.

3. Lo anterior no es razón para negar que existen políticas culturales. Por supuesto que las hay y son aquellas que nacen desde el ámbito privado y en algunas ocasiones desde gobiernos locales en municipalidades: asociaciones, grupos de sociedad civil, centros culturales privados, cooperación internacional que trabajan en el tema cultura. Negar el trabajo que realizan contra viento y marea desde todas estas instituciones en Honduras es desconocerlo y me parece literalmente ingrato. Las glorias se las llevan precisamente las iniciativas privadas. Mencionaré algunas aunque evidentemente no se reduce a esta pequeña lista. Negar lo que hacen los 11 miembros que conforman el Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa (la ciudad que agrupa mediante un Comité a varios centros culturales activos), así como también hay otras iniciativas privadas en Tegucigalpa y del resto del país, por ejemplo en teatro: Grupo Teatral Bambú; Teatro Memorias; el Círculo Teatral Sampedrano y el Teatro Saybe; los grupos teatrales de diferentes municipios de Honduras, tal es el caso de Santa Rosa de Copán que tiene al menos 2 grupos de teatro que anualmente hacen sus ciclos de teatro en la Casa de la Cultura. Las actividades de la Escuela Nacional de Arte Dramático.

En el ámbito de la literatura existen comités permanentes de Juegos Florales en Santa Rosa de Copán, San Marcos de Ocotepeque y Santa Bárbara. La presencia de la cooperación internacional a través de centros culturales como la Alianza Francesa en Tegucigalpa y San Pedro Sula; el Centro Cultural de España en Tegucigalpa + la AECID que realizan trabajos de apoyo en relación a la cultura, turismo y patrimonio; los museos locales que subsisten gracias a la gestión de empresa privada; lo mismo sucede con varias galerías y centros culturales que hay en el resto del país; las iniciativas y trabajos que realizan los grupos de afrodesciendes, campesinos, indígenas, tal es caso de asociaciones de la cultura lenca. La música en este país es de las expresiones más ricas: orquestas de cámara universitarias o como iniciativa privada de algunos músicos, y las actividades de la Escuela Nacional de Música.

No, no todo funciona de color de rosa, por supuesto. Todos tienen carencias a cuál más grande. Entre los mismos artistas, gestores o personas que trabajan en el medio en ocasiones no trabajan en común acuerdo. Hay celos profesionales, pero lo que quiero subrayar es que las expresiones artísticas las hay y son muy ricas y variadas. Y esto sucede gracias al interés de tantas personas. Y lo hacen también porque hay públicos receptores de este trabajo. Sino, sería en vano si no hubiera público que consume.

La vigencia y permanencia de estas expresiones sucede gracias precisamente a nuestras formas culturales que nos caracterizan.

Si bien no tenemos apoyo estatal, me parece terrible negar el trabajo que sí se hace. Este país lo sostiene las pequeñas gestiones de forma individual y anónima o aquellas que se hacen desde diferentes credos e iglesias; la empresa privada, o las otras antes mencionadas.

Las estructuras del Estado en el ámbito cultura no funcionan: casas de cultura, bibliotecas, la misma Dirección de Cultura pasa desapercibida pero considero que para los que hemos aportado granitos de trabajo en pro de la cultura y aquellos que lo hacen cotidianamente, leer titulares de esta clase, insisto, es aniquilante. Muchas cosas podrían ser mejor si empezamos por cambiar nuestros discursos personales. Yo creo que yo puedo hacer la diferencia haciendo bien lo que me toca hacer, pequeñas cosas cambian el mundo. Suena trillado pero es real.

¿Y qué decir de las respuestas de los públicos ante lo que todas estas personas e instituciones organizan y gestionan? Si bien a veces no es fácil, yo no soy tan negativa al respecto. Más que apatía por las expresiones de arte yo diría que en ocasiones quienes fallamos somos los gestores por los tipos de canales de difusión que utilizamos, entre otros problemas. Los jóvenes leen, por supuesto que leen, pero no los libros que muchas personas quisieran, ahora lo hacen de forma electrónica. La cultura es algo que cambia, está en permanente evolución.

Todo esto lo digo por mi experiencia propia como gestora cultural. Las personas van a eventos de música, de teatro. Y si no van, esa es nuestra labor: hacer o lograr que vayan. Si soy profesora de literatura, mi compromiso debería ser a que mis alumnos lean más; a que les guste el teatro. Pero eso requiere esfuerzo que va más a allá de quienes trabajan solo para ganarse un sueldo o llenar una silla de un cargo. Lo más fácil es sentarse a juzgar y decir: aquí todos son ignorantes y nadie es “culto”.

Nunca antes en Honduras ha habido tantos festivales de expresiones culturales: festival de la Guacamaya, del choro, del maíz, del cangrejo, etc, etc. En pleno asueto Morazánico lo que más no venden es la idea de hacer turismo cultural como parte de una estrategia del Instituto Hondureño de Turismo.

Cierro haciéndoles una invitación a leer un artículo que el pasado mes de septiembre publiqué para la Revista Tercer Mundo en donde precisamente hacía un análisis del concepto de cultura, me parece que es un punto de partida para seguir dialogando y para seguir trabajando: http://www.tercermundo.hn/2018/09/03/que-es-cultura/

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

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