Esta es la época en la que más acceso tenemos a realizar estudios superiores formales y no formales ya sea presenciales o en línea. Son tiempos en que es importante la profesionalización permanente. Aunque nos topamos con que una profesión no es una vocación, como tampoco es un trabajo. El modelo profesional sigue siendo el modelo predominante. De hecho, en ocasiones, da la sensación de que todo joven va a la universidad simplemente porque sí, porque es lo que demandan los tiempos. Sin ni siquiera cuestionarse mucho el por qué exactamente. ¿Qué carrera elegir? Lamentablemente, la consigna debe ser “aquella que nos genere más ingresos, dinero”. Algunos pocos, por supuesto, se plantean el tema de seguir su inteligencia emocional y responder a hacer algo por pasión y sobre todo por vocación, porque me gusta.

Sí, es una época marcada por el triunfo final del mercado y sus valores. Pero ojo, qué desde hace un par de años hemos dado otro paso importante y no sé si estamos del todo preparados para asumirlo. Pues en la universidad se nos ha dado un menú de teorías, conocemos más de ciertas cosas, pero resulta que aquello que nos dieron en la aulas no es suficiente, o más bien, no nos enseñaron a utilizar herramientas de la forma adecuada, como las necesitamos en la práctica, en la vida real.

El profesional está dando paso al emprendedor, o más específicamente al auto-empleo. Justo ayer leía en un artículo de El País de España: “No es que los títulos no tengan ninguna importancia y es cierto que en muchas ocasiones son, como mínimo, el punto de partida de una carrera o de un cambio profesional, pero ya no es en lo que más se fijan muchas empresas y consultoras, que dan más importancia a la experiencia. La formación sigue siendo un factor importante para las empresas, pero en su opinión y “a diferencia de hace 20 o 30 años”, tener un máster o un MBA “ya no es una garantía para conseguir un trabajo”. Lo que prima es la experiencia y las competencias. “Puede haber algunos puestos en los que sea obligatorio tener un máster, pero es un porcentaje cada vez más bajo”.*

Y resulta que la experiencia y la trayectoria no te la da ningún máster. Poca oferta de trabajo para la súper especialización en la que hemos caído. Conocemos de todo y cada vez menos empleadores porque las condiciones económicas hacen que todos están en recorte de presupuesto: minimizando, subcontratando, fusionando o colapsando. Ahora se supone que todos debemos ser nuestro propio jefe o hacer nuestro propio negocio. Nuestro propio agente, nuestra propia marca, nuestro propio mercadeo, producción y departamento de contaduría. El “emprender” está siendo vendido como una oportunidad. Es una gran necesidad. Todos tienen que entender que ahora nadie puede contar con un trabajo. Los empleados se están volviendo independientes, no remunerados de forma permanente.

Pero veamos estos hechos de forma positiva. Este panorama sigue siendo una oportunidad. La presión de la desintegración institucional coincide con la carga de la nueva tecnología. La cultura emergente del emprendedor, acecha la web. El Internet ayuda a promover, vender y entregar directamente al usuario, y hacerlo de manera que uno pueda competir con corporaciones e instituciones, que previamente habían tenido el monopolio del mercado y la distribución. Uno puede llegar a posibles consumidores a una velocidad y en una escala que era impensable cuando el único medio era la palabra, la prensa alternativa, y pegar volantes en postes.

Parece haber bastante construcción en este momento: debes construir tu marca, tus contactos, tú presencia en las redes sociales. El emprendimiento creativo está lanzando su propia estructura institucional – mercados en línea, plataformas de auto-publicación, incubadoras sin ánimo de lucro, espacios de colaboración– pero la relación fundamental sigue siendo la del emprendedor hacia el consumidor. El bendito consumidor que siempre tiene la razón, por lo tanto la prioridad de creación es para ellos y solo para ellos.

Los jóvenes emprendedores de hoy tienden a construir una multiplicidad de identidades. El punto es la versatilidad. Como en cualquier buen negocio, lo que intentas es diversificar. Lo que vemos en el nuevo paradigma es lo que vemos en las nuevas expresiones culturales: el desplazamiento de la profundidad por la amplitud.

Los modelos de negocios más exitosos de hoy son aquellos que crean experiencias: entornos, relaciones alrededor de sus productos. Entonces, podríamos decir que en la era del emprendimiento creativo, producir es también la creación de nuevas experiencias. Se convierte en un estilo de vida y es una experiencia que está en red, publicitada, tuiteada, atendida, y cualquier cosa menos solitaria, cualquier cosa menos privada.

Entre las cosas más notables sobre esos sitios web que los emprendedores se sienten obligados a tener, es que tienden a presentar no solo el trabajo, no solo el creador (que es bastante interesante como un hecho cultural), sino también la vida o el estilo de vida del creador o proceso de creación. El cliente está siendo vendido a través de una experiencia indirecta de producción.

Sea como sea, hemos llegado a esta era del emprendimiento e insisto, dudo que la universidad nos haya preparado para asumirlo. Pero el que crea que emprender es cosa de improvisar, también se equivoca. El perfil de un emprendedor requiere algunos de los siguientes aspectos:

1. Ser intuitivo: aprovechar las oportunidades de crisis y carencias para saber qué crear y saber en qué invertir.
2. Hacer las cosas de la mejor manera posible. El que no pone pasión a lo que hace, difícilmente logrará la meta de sacar adelante su negocio. Emprender no es para mediocres.
3. Ser proactivo y tener una actitud positiva siempre para aprender lo que no sabemos.
4. Ser responsable y organizado.

* Ver nota completa en: https://verne.elpais.com/verne/2018/04/09/articulo/1523265122_281500.html?id_externo_rsoc=TW_CM Consultado el 12 de abril de 2018.

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

Ver todas las publicaciones