Ha vuelto a brillar una luz a través de la ventana y no es precisamente porque sea primavera. Es un brillo que me hizo ver el mundo diferente. Por más que he intentado encontrar explicaciones del por qué la nostalgia se hizo conmigo, finalmente, allá a lo lejos, pude escuchar el sonido de la fiesta y la celebración que regresa a mi vida. El aroma que dejan los dolores son necesarios y buenos solo cuando dejas que te hagan crecer y ser una mejor persona. Llevo muchos años leyendo, releyendo, a C. S. Lewis, con su libro «El problema del dolor», y por fin hoy me ha quedado más claro: solamente cuando te aceptas y te perdonas a tí mismo, entonces te enamoras de la esencia de tu propia vida. Sucede cuando te permites decirle adiós a los miedos, cuando despides a tus propios fantasmas. Esta mañana mis pies me llevaron una vez más a verme en el espejo y esta vez la imagen ya no estaba empañada. Me he sonreído a mí misma y me ha gustado tal y como soy.

Previous post Cómo despistar una tristeza
Next post Ecuaciones

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *