Adiós UNAH

He dejado de trabajar para la UNAH. Lo hago por dignidad. También porque uno debe hacerlo cuando no es compatible con la ética profesional de algunas de las más altas autoridades de una institución. Mis padres hicieron hasta lo imposible porque mis hermanos y yo estudiáramos fuera de Honduras y, afortunadamente por nuestra familia, lo logramos. Hace algunos años atrás, yo pensaba que ellos exageraban cuando se referían a situaciones lamentables dentro de “la máxima casa de estudios” de Honduras. Ahora que yo he trabajado allí, he comprobado por mí misma muchas cosas. Por supuesto, hay gente que merece mis sinceras muestras de respeto dentro de la UNAH por su incansable labor profesional y académica, pero tristemente no todos son iguales. Me duele la falta de institucionalidad, la falta de academia, me duele ver lo que vi administrativamente: ¡vaya burocracia! Nunca vi nada igual.

Entré en el año 2014, durante la excelente gestión que hacía como Vicerrectora Académica la Dra. Rutilia Calderón, para ella toda mi consideración y respeto. A nivel teórico, la gestión cultural está muy bien planteada gracias a ella, los logros en este ámbito fueron gracias al empuje e interés que ella dio, y al buen equipo que entonces conformó, lo que se tradujo en que la UNAH estaba encaminada para ser una Universidad pionera y referente en el tema a nivel regional centroamericano. Fue un privilegio haber compartido y trabajado con ella.

Falta de institucionalidad, como en muchos otros ámbitos de este país, me refiero a que cuando se va un líder pierde la institución porque llega otro(a) a ocupar un cargo, no sabemos exactamente cómo, pero llega, independiente de sus capacidades y de sus intereses por la institución. Se fue la Dra. Rutilia, perdió la UNAH y perdió la gestión cultural universitaria. No hay seguimiento en los procesos.

Para algunas personas, trabajar es solo llegar a calentar una silla durante el día. Contar las horas para que llegue la hora de salida y así transcurren los años. Ganar un sueldo relativamente bueno en comparación a lo que tenemos en el país y montarse en la tortuga de la burocracia en donde todo proceso es complicado y en donde parecería que hay personas que les contratan para que se dediquen a poner trabas administrativas para que las cosas no sucedan, no avancen, no existan.

Sí bien, hay un equipo estupendo de personas que llegamos a conformar la Dirección de Cultura de la UNAH, una propuesta de Dirección que es nueva y poco entendida internamente porque faltó un liderazgo a lo interno para su promoción, se pasaron las semanas y los meses y los años, haciendo planificación de la planificación de lo planificado. Y así, se va la vida por allí, haciendo planes y planes. No lo sé, tal vez, Kafka se hubiera sentido feliz e inspirado para reescribir El Proceso o El Castillo en pleno edificio “Alma Mater”.

Agradecimiento hay, por supuesto que lo hay. Se me abrió una oportunidad profesional, pero en estos lugares estamos lejos de que se comprenda que el capital humano es lo más importante de una organización. Es solo un lugar más en donde alguna vez trabajé, pero a la vez pasé de largo. Eso sí, no puedo dejar de mencionar lo injusto y arbitrario que me llevó a tomar la decisión de mi salida y he aquí hago una lista resumida de ello, lo cual lo explico detalladamente a las autoridades en una inusual carta de renuncia el pasado 16 de agosto de 2017. Quizás ellos no la leyeron o no les importó pero para mí era importante decirlo:

1. Me encontraba en Chile en viaje oficial representando a la UNAH cuando intempestivamente la actual Vicerrectora Académica me pidió que me trasladara a vivir de Santa Rosa de Copán a Tegucigalpa, sin pedirme informes previos para al menos conocer mis funciones, mi desempeño, metas y logros. El POA 2017 en ejecución valía un comino, porque fue una decisión de una mandamás la que predominó. La decisión fue a todas luces arbitraria y no dio posibilidad ni siquiera a un diálogo, simplemente me reiteró que la decisión había sido tomada. La nota la envió el 7 de julio y yo debía presentarme a vivir en Tegucigalpa el 17 de julio. Tenía que hacer una mudanza en 10 días y por supuesto, ni mencionar mis asuntos familiares que eso mucho menos que le importara.

2. Se me trasladó de Tegucigalpa a Santa Rosa de Copán en agosto de 2016 para cumplir un plan de trabajo, pero nunca se me preguntó si tenía las condiciones para realizar mi trabajo de forma óptima. Toda institución que exige rendimientos, metas, plazos debe preocuparse por darle condiciones para hacerlo.

3. En la actual gestión de vicerrectoría académica nunca hubo ni siquiera una reunión para conocer qué es lo que como Dirección Académica realizábamos. Mi primera reunión con la Vicerrectora fue el día que yo le insistí una reunión a raíz de su petición arbitraria. Jamás responde un email. No conoce la comunicación ni la retroalimentación del trabajo realizado.

Yo tengo mi conciencia tranquila de que lo que hice fue con el mejor de mis esfuerzos. Y no lo hice para que nadie me lo agradezca, tengo mis propias convicciones y razones de porqué actuar con rectitud de intención en mi vida.

Dos semanas después de que renuncié recibí una llamada de un fulano que ahora ocupa un nuevo cargo en la UNAH. Un cargo que no aparece en ningún organigrama, sacado de la manga. Así se destapó la olla, había que darle paso a este señor que regresaba de unas vacaciones forzadas a ocupar funciones relativamente iguales a las mías camuflageadas con el nombre de un cargo inventado.

Ya lo había escrito antes por allí: No es el resumen de tu CV el verdadero resumen de tu vida, sabes que no, y por eso cuando llegas con ilusión a tu trabajo a aportar, a aprender, o cuando intentaste demostrar en aquella entrevista de trabajo que tienes lo que otros no tienen, aunque no eres perfecto pero que eres un proyecto inacabado en camino de construirse como el mejor plan urbano, en donde transitan en vital desorden el amor, las energías, las desventuras, las tristezas, porque al fin y al cabo tienes la convicción de que eres una combinación perfecta del universo, con un poco de amor del de tu madre, un poco de orden de tu padre, un poco de azúcar de tu abuela, y un poco de inteligencia que afortunadamente Dios te dio, entonces, si el brillo de tus ojos y tus palabras no fueron percibidas en la última entrevista de trabajo o si tu jefe no lo descubrió, no te preocupes, siempre hay un plan mucho más perfecto para ti que es más trascendental que las pequeñas infamias laborales cotidianas.

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

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