Más agradecida con todas las personas que me rodean. Cultivar caridad para obtener caridad. El trabajo que llega para ser una mejor persona: servir y hacer las cosas apasionadamente. Saber esperar; saber valorar las sonrisas de las personas sinceras. Más tolerante, más paciente. Todo esto no me convierte en ningún ángel, sigo siendo una persona con muchos defectos.

Luz Aurora sí que es un ángel que la vida me regaló y ella me ha enseñado a concentrarme en las cosas vitales, en los pequeños detalles de la vida. He aprendido que no es importante cuántas cosas materiales le dé, ella siempre espera mi presencia, espera a que vuelva a casa para estar con ella. Y si me enojo o me enfermo ella me acaricia en la cama, con su dulzura y su inocencia acompaña a mamá. Yo la he subestimado por creer que con 2 años, solamente, ella no entiende qué le pasa a mamá, pero siempre me he equivocado, ella ya me conoce y sabe si estoy triste o no. Es por eso que cada mañana renuevo promesas personales, porque ella es una fuerza que me mueve a hacerlo.

A veces pienso tonterías, como la de tener miedo a envejecer, pero ahora más que nunca estoy dispuesta a que en mi piel entren todos los tatuajes que la vida me permita dejarme hacer a través de las experiencias, quiero una vida vivida plenamente, y, sobre todo, no quiero que sea mi alma la que envejezca.

He perdonado al engaño más grande de mi vida. Me he perdonado a mí misma por ese exquisito desatino. Ahora me doy el lujo de reír por mis torpezas y me he curado las heridas con el mismo bálsamo que usaron mis antepasadas. Hoy anuncio que una nueva piel me ha nacido, más dura, aguantadora. No me he dejado vencer, no soy frágil, a mis 32 años he vuelto a nacer. Bienvenida a la vida, otra vez.

Ratifico mi continua búsqueda, es permanente, seguiré mi camino, estas circunstancias no son eternas. Amor siempre habrá. Y habrá de sobra para dar porque ya no espero que me lo den, aunque por allí, por si acaso está la velita encendida para mi Santo, con una ilusión, esperando a que le saquen a bailar. No puedo prometer no volver a enamorarme, no es posible, porque yo siempre estaré lista para enamorarme del amor.

Me han amado, yo lo sé. Agradezco a toda la gente que he conocido y ha sido maravillosa en ese pasar por la vida junto a ellos. La vida me ha dado la oportunidad de recorrer muchos lugares y en cada uno ha habido amigos y algunos hasta han hecho el papel de familia aunque no les tocara hacerlo.

Carmen Cruz

Es originaria de la ciudad de Santa Rosa de Copán, Honduras.
Máster en Gestión de Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Actualmente radicada en la ciudad de Santa Rosa de Copán en donde trabaja como gestora cultural independiente y en un proyecto de emprendimiento propio.
Fue Subdirectora de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha sido Directora Ejecutiva de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Presidente del Comité de Centros Culturales de Tegucigalpa. Jefe de la Unidad de Negocios Editoriales, Hemeroteca y Editora de Turismo e Identidad Nacional para el Grupo OPSA, La Prensa, en San Pedro Sula. Técnico académico administrativo de la Dirección de Posgrados de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido profesora titular de la Universidad Rafael Landívar y Universidad del Istmo en las clases de: Introducción a la Literatura; Lenguaje y comunicación; Antropología filosófica y Apreciación de cine.
Perteneció al Comité Internacional de Investigación y Crítica Literaria de Editorial Promesa de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de la Sabana de Bogotá, Colombia.
Ha dado conferencias y tiene publicaciones en países como México, Chile, Costa Rica, Colombia e Italia.

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