La paz empieza en el corazón propio de cada uno. En la vida cotidiana. En la manera como asumes cada día, frente a cada contexto de vida. Estoy en plena crisis propia de los 30 años de vida: la de perder el tiempo de ver para los lados y no centrarme en la meta final. (Dicen que a los 40, el peligro es volver la mirada permanentemente hacia atrás).
Recientemente viajé, y eso, como es normal, me permitió volver hacer una profunda limpieza de vida.
Hay que volver a empezar, las veces que sean necesarias. Allí estaba el pelícano, el barco y por supuesto el mar a quienes les he contado todo. Fue un parpadeo lo que duró esa hermosa vista. Así dicen que dura la vida, por eso, es necesario seguir luchando porque cada cosa valga la pena.

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